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El sistema universitario español: aspectos básicos

La historia reciente de la Universidad española ha experimentado, en el último cuarto de siglo, importantes cambios tanto en su aspecto legislativo como en el cuantitativo y cualitativo. En 1983 se aprobó la Ley de Reforma Universitaria, que fue complementada y desarrollada sucesivamente con una serie de decretos, que completaban el marco normativo del sistema universitario español y abordaban algunos de los problemas más importantes que éste tenia planteados, entre otros cabe citar la masificación estudiantil o la necesidad de regular la situación de una parte importante del profesorado.

La Universidad española pasó, con la creación de los Departamentos universitarios, de una estructura clásica basada en centros docentes (Facultades y Escuelas) a una estructura matricial con Centros y Departamentos. La configuración del marco legal llevo a una distribución de responsabilidades. Los Centros Docentes eran, esencialmente, responsables de la gestión de las titulaciones y de los estudiantes de primero y segundo ciclo. Los Departamentos, que agrupaban a los profesores de la misma área de conocimiento o de áreas afines, gestionaban los aspectos ligados a las actividades de investigación y desarrollo, al doctorado y la contratación, evaluación y promoción del profesorado. Existían estructuras específicas de investigación, los Institutos Universitarios, especializadas en áreas estratégicas y específicas.

Como consecuencia de la estructura descentralizada del Estado las universidades, que pueden ser de titularidad pública o privada, pasan a depender de las comunidades autónomas a las que han sido transferidas o cuyos parlamentos han aprobado su creación; la UNED tiene un estatus especial ya que depende directamente del Ministerio que tiene las competencias en materia de universidades.

El Rector es la máxima autoridad académica de la universidad. Ostenta la representación de ésta y la gobierna, dirige y gestiona, con la ayuda de los vicerrectores, el secretario general y el gerente. El principal órgano de gobierno en cada universidad es el Claustro Universitario, este órgano colegiado tiene la máxima representación de la universidad y tiene poder decisorio en la definición de normativas internas, elección de otros órganos de gobierno, creación o supresión de Departamentos y en la expresión de posiciones y aspiraciones de la comunidad universitaria.

La reforma de los planes de estudios, que se abordo en la década de los noventa, significó otro hito importante en la evolución de la universidad, la Ley Orgánica de Universidades del 2001, su posterior reforma y la incorporación al Espacio Europeo de Educación Superior son los últimos retos a los que se enfrenta la Universidad española.

Si el curso 1983-84 se abría con 744.115 estudiantes en las aulas universitarias, en el 1995-96 ya se había doblado esta cifra, llegándose en el 2004 a más de 1.500.000 estudiantes en las titulaciones oficiales. Este sustancial incremento de estudiantes universitarios ha llevado a un incremento notable de los titulados que la universidad retorna a la sociedad y que, en el curso 2001-2002 han alcanzado la cifra de 207.470, manteniéndose una tendencia de suave crecimiento respecto de los años anteriores.

Como consecuencia de esta evolución de la universidad española entre los años 2001 y 2004 la población con estudios universitarios ha aumentado en un 13,2%. En el año 2004, la población en edad de trabajar (con 16 años o más) con titulación universitaria ha alcanzado la cifra de 4.985.480 personas. El porcentaje de población, con edades comprendidas entre los 24 y 65 años, con titulación superior alcanza el 24%. La población activa con estudios superiores ha experimentado un crecimiento anual acumulativo del 8,4%. En el año 2004 más del 80% de los titulados universitarios estaban activos.

En este período de tiempo se ha generalizado nuevos modos y costumbres que, si antes eran excepcionales, ahora se van viendo no solo como normales sino como necesarias. Uno de los requerimientos que tiene una demanda más acentuada es la de complementar la adquisición de conceptos con la formación en competencias y el conocimiento de otras culturas y formas de vida; el número de participantes españoles en el programa erasmus ha alcanzado, en el curso 2004-2005, cifras superiores a los 21.000 estudiantes. Asimismo, el número de extranjeros matriculados en universidades españolas ha alcanzado en el mismo curso una cifra equivalente. En ambos casos se produce un incremento en progresión geométrica del número de participantes. Existen diferentes programas de becas que ayudan a hacer realidad la movilidad de los estudiantes y profesores, tanto en España con el programa Séneca, como en el seno de la Unión Europea, con otros países ajenos a la Unión.

Las universidades han tenido que ir adaptando su estructura organizativa a los nuevos requisitos de la sociedad que demandaba la incorporación de servicios que facilitaran a los universitarios la realización de deporte, la organización de actividades culturales, la incorporación de las nuevas tecnologías, etc. Precisamente en el campo de las nuevas tecnologías, la rápida evolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones ha conducido a la creación de potentes servicios informáticos y la instalación de redes informáticas en las bibliotecas y en general a los espacios de estudio. Las universidades han visto, asimismo, la necesidad de prestar un servicio adicional a la sociedad en general y han creado las oficinas de inserción laboral, los observatorios de empleo para procurar el primer contrato a sus titulados. La creación de las Fundaciones ha permitido articular y estructurar la formación continuada que la evolución de la sociedad demanda a los profesionales.

El número de profesores, en todo el sistema universitario, durante el curso 2004-2005 supera las 90.000 personas. El profesorado de los cuerpos docentes universitarios sobrepasa la cifra de 50.000. Más del 95% de este personal docente e investigador tiene una dedicación a tiempo completo. En el caso del PDI contratado el porcentaje de personas con esta misma dedicación es de casi un 40%. Es importante reseñar que más del 60% del PDI de las universidades públicas españolas era doctor en el curso 2002-2003. El número de profesores que han participado en programas erasmus supera los 2000, habiéndose triplicado la cifra en los últimos seis años.

El Personal de Administración y Servicios en las universidades públicas españolas alcanzaba, en el curso 2002-2003 la cifra de 42.334 personas. El 52,3% de este personal es funcionario y el resto contratado.

La investigación en la universidad española, como parte de las obligaciones académicas del PDI, constituye una actividad relativamente reciente. Su incorporación ha seguido un proceso largo y discontinuo que se inicia a finales de la década de los sesenta con la organización de los primeros grupos de investigación y culmina con la aprobación en 1983 de la LRU y la Ley de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica de 1986, conocida como Ley de la Ciencia. La LRU estableció el modelo actual de Universidad, introduciendo la doble dimensión de ésta: como institución docente y como centro de investigación. Desde entonces la investigación se reconoce como actividad básica del personal universitario, que se organiza en los departamentos y que se rige por criterios de calidad investigadora. Una consecuencia evidente de la aplicación de dichos criterios a sido el incremento de publicaciones.

La aplicación de los citados criterios de calidad en los procesos de estabilización, promoción y retribución del PDI, a modificado sustancialmente el volumen de publicación y difusión de los resultados de la actividad de investigación y desarrollo. Esta actividad, que la legislación equipara a la de docencia en el caso de las universidades, presenta un notable crecimiento en los últimos años. En efecto, la producción científica española, medida en publicaciones, se ha multiplicado por 600 en los últimos veinticinco años, con lo que España se sitúa en el décimo puesto de la producción científica mundial, lo que representa que la contribución española a la producción mundial es del 3%. Con ello se equipara, en el contexto internacional, el peso de nuestra economía y el de nuestra producción científica. La producción científica de las universidades representó, en el quinquenio 1996-2001, el 60,4 % del total de la producción científica española.

Asimismo, la LRU introdujo, y la LOU confirmó, la posibilidad de que las universidades públicas puedan formalizar convenios y contratos con el sector privado para financiar la realización de actividades de Investigación y Desarrollo. Este fue un primer paso que puso las bases para una cultura de colaboración que se va desarrollando progresivamente, en el año 2002 un 19,63% del gasto presupuestario en investigación fue financiado por el sector privado. Sin embargo, la investigación en la universidad española ha sido financiada mayoritariamente por las Administraciones Públicas. Como resultado de este proceso, el gasto en I+D ejecutado por las universidades, expresado como porcentaje del PIB, ha pasado del 0,11% en 1983 al 0,28 % en 1993, se produce un estancamiento hasta 1996, volviendo a crecer desde 1997 con un 0,29% para este año hasta alcanzar un 0,33% del 2004. El porcentaje del PIB promedio, destinado a investigación, en los países de la OCDE está en un 0,41%.

La creciente relación de las universidades con el tejido económico generó la necesidad de crear las Oficinas de Transferencia de tecnología y conocimiento, como instrumento imprescindible y especializado para facilitar el establecimiento de contratos universidad-empresa. El balance del año 2004 muestra un crecimiento del 9% en el volumen de contratación alcanzando una cifra de 281,3 millones de euros, de estos más del 80% corresponden a contratos de I+D y consultoría, el resto se debe a servicios de análisis, ensayo, dictámenes y certificados. Obviamente a esta cifra hay que añadir otra cantidad semejante procedente de los programas públicos de apoyo a la Investigación y Desarrollo colaborativa con empresas (PETRI, PROFIT, Programa Marco, etc.). Cada vez más las OTRI se convierten en unidades de prestación de servicios para hacer posible el incremento de la I+D. Enel 2004 presentan un total de 349 técnicos, 50 más que el año anterior, y siguen generando iniciativas de mayor calado como pueden ser la creación de spin-offs o la integración en las redes europeas que son el germen del Espacio Europeo de Investigación.

La estructura académica del sistema universitario español también ha realizado un cambio sustancial, para alcanzar un modelo altamente descentralizado. Para entender la profundidad del cambio hay que pensar que se ha evolucionado desde una estructura centralizada, en la que las diferentes titulaciones tenían unos planes de estudios comunes e idénticos en todo el territorio nacional (1983), a una estructura más abierta, fruto de las reformas de la década de los 90, en las que cada universidad podía definir unos planes de estudios propios. Dichos planes estaban enmarcados por unas directrices generales comunes que ofrecían un determinado grado de flexibilidad a la hora de definir los contenidos de las asignaturas que constituían las materias objeto del plan de estudios, manteniendo un núcleo troncal.

La reforma en la que se encuentra inmersa la Universidad española, y que se ha iniciado con la firma de los acuerdos de Bolonia, conduce a una sistema cíclico con unas titulaciones de grado que dan acceso a unos programas oficiales de postgrado que pueden, a su vez, concluir en titulaciones de master con una componente profesional o en titulaciones de master con carácter de investigación que dan paso a la realización de una tesis doctoral y que concluyen con el grado de Doctor.

Los grandes retos que, a corto plazo, afronta la Universidad española son: desde el punto de vista docente, no tanto la modificación de los contenidos de los planes de estudios sino la adecuación de los métodos que permitan pasar de la universidad que enseña a la universidad que ayuda a aprender. Dando un mayor protagonismo al estudiante y ayudándole a aprender aquello es capaz de aprender. En la faceta de la investigación, pese a los buenos resultados alcanzados, seria un error caer en la autocomplacencia, sobre todo porque hay competidores con ritmos de crecimiento muy elevados. En el aspecto de la producción tecnológica, vinculada al desarrollo y la innovación, y medida por el número de patentes solicitadas, patentes concedidas, patentes en explotación y licencias contratadas, hay todavía camino que andar. En el 2003 las universidades suscribieron 78 contratos de licencias que proporcionaron 1,7 millones de euros. La media de las universidades españolas es de alrededor de 23.000 euros mientras que la media de una universidad inglesa es de 205.000 euros. En este campo todavía estamos en diferenciales de 1 a 10 frente a Europa y mucho mayores respecto de Estados Unidos y Japón.